Cómo emprender e invertir con éxito

Las recetas perfectas no existen, pero la metodología y la planificación adecuada sí. Eso es lo que te permitirá saber cómo emprender e invertir con éxito. Aun en contextos económicos favorables, siempre hará falta una metodología para investigar el mercado y planificar. Solo así evitarás caer en errores comunes que pueden costar caro. Por eso, cuando inicias un nuevo emprendimiento o inviertes en un proyecto es fundamental estudiar su viabilidad.

Entonces, ¿qué se necesita para abrir un negocio? El secreto está en completar una serie de pasos para evaluar riesgos, beneficios y realizar un plan de acción adecuado.

Metodología y planificación: fases para crear una empresa o invertir a conciencia

Emprender un nuevo proyecto es una decisión muy importante porque pone en juego recursos, pero también ilusión y ganas. Sin embargo, no es suficiente solo con la energía del inicio y la voluntad: seguir una metodología y planificar de manera adecuada es la verdadera llave para allanar el camino. A continuación te cuento cómo emprender pisando firme.

Análisis externo: conoce a fondo tu mercado

El primer paso para saber cómo iniciar un emprendimiento o invertir en un nuevo proyecto es conocer en detalle el mercado y la competencia. Necesitas saber si hay demanda de tu producto o servicio, quién y cómo está haciendo algo similar, qué necesidades faltan cubrir, entre otros interrogantes clave.

Estudia la coyuntura económica y el marco legal

Conocer la coyuntura económica general te permitirá prever cómo impactará sobre el proyecto. Algunos momentos de crisis resultan ser oportunidades para ciertos negocios, mientras que los de prosperidad pueden afectar a otros.

Junto a ello, no deberías descuidar el análisis del marco legal y normativo en que se va a encuadrar tu proyecto. No es lo mismo tener una legislación permisiva, que un mercado con gran regulación, como sucede en sectores como el tabaco o las bebidas alcohólicas.

Analiza a fondo a tu competencia

El análisis de la competencia es un aspecto clave para saber a quién te vas a enfrentar y de qué manera da respuesta a esa demanda que quieres satisfacer con tu proyecto. En este sentido, es básico conocer su volumen de facturación, número de empleados y resultados obtenidos hasta el momento. No es lo mismo tener delante a un competidor importante y con recursos que a uno pequeño y que acaba de empezar.

Que haya competencia no es un mal augurio, de hecho indica que hay mercado. Analiza sus características en profundidad y comprueba si de verdad satisfacen todas las necesidades de los consumidores.

Conocer las distintas opciones de productos y servicios que ofrece la competencia, así como sus precios, te ayudará a crear una mejor propuesta de valor que te diferencie del resto.

Por otro lado, también fíjate en lo que hace la competencia online. Pregúntate si tienen sitio web o una tienda virtual; si invierten en publicidad digital, posicionamiento orgánico o en ambas; o bien si usan las redes sociales.

Define a tu cliente ideal

Una vez que conoces la situación del mercado y la competencia, es importante que precises a quién le vas a vender tu producto o servicio. Estudia el comportamiento y los patrones de tus consumidores potenciales. Ten en cuenta aspectos demográficos (edad, sexo, nivel socioeconómico, nivel de formación), pero también emocionales, ¿qué les preocupa?, ¿cuáles son sus puntos de dolor?, ¿cómo podrías ayudarlos?

Análisis a nivel interno: conoce tus fortalezas y debilidades

Este diagrama comprende también muchos elementos que debes considerar para saber cómo emprender. Desde el personal que vas a incluir, pasando por la definición de objetivos, el plan de negocios o la consultoría que puedas necesitar.

Ten en cuenta la estructura del personal

Dependiendo del tamaño de la empresa te hará falta tener una cierta cantidad de personal o colaboradores. Necesitas saber quiénes serán las personas que vayan a liderar, ejecutar y colaborar en el proyecto.

Si en tu caso el negocio ya está en funcionamiento y planeas invertir, plantéate, por ejemplo, si hay que cambiar el organigrama, formar al equipo, o tal vez contratar a alguien de fuera como consultor externo para consolidar la empresa.

Viabilidad económica y financiera

Estudia a conciencia los recursos necesarios, pregúntate si puedes afrontarlos, cuándo y cómo. Para esto debes tener una idea clara de la estructura financiera de la empresa una vez que esté en marcha. En definitiva, hay que conocer los puntos fuertes y débiles que tiene el negocio a la hora de ponerse manos a la obra.

Define tu misión, visión y valores

Antes de fijar tus objetivos es bueno delimitar estas tres variables porque te ayudarán a crear tu propuesta de valor y orientar claramente los objetivos. Aunque suele dejarse de lado al principio, este punto es importante a la hora de saber qué se necesita para iniciar un negocio.

Crea una propuesta de valor

Hemos de definir cuáles son esos atributos que nos diferencian de la competencia. Distínguete de los demás para que los clientes te prefieran a ti, encuentra el nicho y explótalo.

Establece objetivos claros y medibles

¿Qué pretendes obtener? Es importante no ir a ciegas y definir objetivos claros. Estas serán las metas de tu nuevo negocio o proyecto. El análisis comprende varios aspectos:

  • ¿Cuáles son los ingresos proyectados?
  • ¿Qué resultados esperas conseguir a corto y medio plazo?
  • ¿Qué cuota de mercado quieres obtener?
  • ¿Cuál es la rentabilidad necesaria para sostenerte y continuar?

Es importante que los objetivos que establezcas a partir de estas preguntas sean concretos, medibles, posibles, alcanzables y delimitados en el tiempo. Ellos son el insumo para definir el plan estratégico que todo aquel que se pregunta cómo emprender debe conocer.

Elabora un plan estratégico

El plan estratégico es un documento que define el camino a seguir. Se trata de uno de los pasos fundamentales para crear una empresa o invertir. Es un conjunto de estrategias o caminos orientados a conseguir los objetivos propuestos. Los principales pasos son:

  1. En el caso de un nuevo proyecto, para poder empezar a trazar el plan hay que establecer cómo va a ser el producto o servicio que vas a comercializar, qué características va a tener y, por tanto, qué soluciones y ventajas vas a ofrecer a tus clientes. Piénsalo todo: desde el nombre hasta el embalaje.
  1. En segundo lugar, decide qué nivel de precios vas a ofrecer. En el caso de que sean más caros que los de la competencia, es importante que establezcas qué ventajas vas a aportar que justifiquen ese diferencial. Por el contrario, si el nivel de precios es más bajo, puede convertirse en un factor de atracción para un público específico. Piensa también si existirán diferentes tarifas por segmentos o si habrá solo una.
  1. En tercer lugar hay que definir la estrategia de distribución. Si será directa en tiendas físicas o un e-commerce propio, o bien si se comercializará a través de distribuidores o agentes.
  1. La cuarta fase se refiere a la forma de promoción del producto o servicio. Aquí deberás decidir si vas a hacer publicidad, de qué tipo y a través de qué canal. Si vas a incorporar una estrategia digital, offline o mixta. Esto último es muy importante, ya que las formas de acercarse a los clientes se han transformado gracias al crecimiento de los canales digitales de comunicación. Hoy en día, el trabajo sobre el funnel de ventas implica una constante retroalimentación con el cliente, por lo que tener en cuenta estrategias de inbound marketing que generen conexiones útiles es imprescindible.

Las formas no intrusivas de llegar a la audiencia ganan cada vez más terreno y acompañar el proceso de compra aportando valor y consejos hace crecer la imagen de la empresa. Estos aspectos son ineludibles a la hora de trazar el plan sobre cómo vas a comunicar tu producto, porque además de mejorar la situación de compra influye en el proceso de fidelización.

  1. Por último, tienes que trabajar en las previsiones de ingresos y gastos. Esto te permitirá elaborar un estimativo de la rentabilidad del proyecto a un mínimo de tres a cinco años y confirmar la viabilidad del mismo.

Finalmente, a partir de estos pasos de evaluación, investigación y planificación surge la elaboración de un documento. Un plan de acción que debe ser preciso pero flexible a fin de adaptarse a los resultados conseguidos y mejorar en pos de los objetivos trazados.

Evaluación de indicadores para la mejora continua

Una vez que has puesto en marcha el proyecto no puedes quedarte de brazos cruzados. Nunca olvides analizar los indicadores que construirás basados en tus objetivos. Evalúa de forma periódica los resultados a través de su análisis. Algunos tipos de indicadores a tener en cuenta son:

  • Económico-financieros: sirven para controlar el presupuesto cada mes. También es necesaria una previsión de tesorería mensual para conocer las posibles necesidades o excesos y cómo gestionarlos.
  • Comerciales: ayudan a continuar estudiando el mercado, a tu competencia y el comportamiento de los clientes.
  • De operaciones: se utilizan para analizar la producción, pero también para conocer cómo funciona la distribución y el almacenaje.
  • Analítica web: si te has inclinado por una estrategia de publicidad digital, o tienes un sitio web, estas herramientas te servirán para conocer el tráfico de tu portal. Desde datos socio demográficos hasta conversiones.

Con planificación todo es posible

Cuando estás a punto de iniciar un negocio o invertir en un proyecto, la ilusión y la adrenalina te dan un plus de energía que pareciera nunca acabar. Pero lo cierto es que si no lo has pensado todo, y no has creado una ruta a seguir estarás construyendo castillos en el aire. Por eso, siempre que te preguntes cómo emprender un nuevo negocio recuerda que no basta con tener el dinero para invertir y la energía para llevarlo adelante: se necesita estrategia.

Si te cuesta definir estos aspectos o sientes que es un trabajo que no dominas por completo, piensa en que puedes contratar consultores que tengan el conocimiento necesario y te ayuden a llevarlo adelante con confianza. Siempre es mejor prevenir que lamentar después.

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