Las funciones de un consultor externo que te permitirán consolidar tu empresa.

¿Este nuevo contexto te genera incertidumbre y te impide disfrutar de tu negocio? La dirección y gestión de una empresa pasa, como todo, por momentos de bonanza y crecimiento y coyunturas más complejas. 

En tiempos como los que vivimos, el cambio es la única constante. La digitalización, la crisis y la modificación de los hábitos de consumo suponen un reto para todas las PYMES. 

Si tienes un buen equipo en el que confiar, apoyarte y sacar el trabajo, tienes mucho ganado. Pero no siempre es suficiente. En algunos casos es necesario acudir a un consultor externo que te aporte una visión renovada y que te ayude a reducir el estrés que conlleva la incertidumbre, las expectativas frustradas y los problemas diarios.

La demanda de consultores estratégicos ha crecido durante los últimos años. Y es que en este nuevo contexto, la flexibilidad, los servicios subcontratados, temporales y altamente especializados son cada vez más valorados.

La función de un consultor externo

La función principal de un consultor externo es acompañar a la empresa hacia un resultado establecido en función de las necesidades, las demandas y la situación concreta en la que se encuentre, como puede ser un proceso de expansión o un momento de crisis. 

De manera más concreta, estas son las cuatro labores básicas de este perfil de profesional. 

Su experiencia a disposición de la empresa

Incorporar durante un periodo determinado a una persona que se dedique al cien por cien a detectar, evaluar y optimizar los procesos permite descargar esa tarea del equipo interno. Que además, habitualmente tiene que llevarlo junto a sus labores y responsabilidades diarias. Por otro lado, aprovechar y aplicar la experiencia y la especialización del consultor en la organización es un gran valor añadido que no se encontrará en el núcleo interno de la empresa.

Identificar las posibilidades de mejora 

Muchas PYMES saben o intuyen donde están los problemas que les impiden avanzar. Otras, en cambio, no tienen el tiempo ni la perspectiva para poder localizarlos. Una de las principales funciones de un consultor es detectar esos cuellos de botella y optimizar las distintas áreas de trabajo de una empresa.

Y eso solo se consigue con una mirada externa, experimentada y objetiva. Las opiniones y análisis sesgados, con implicaciones emocionales o condicionados por factores internos son muchas veces limitantes en el crecimiento y la implantación de las estrategias.

Planificar el crecimiento 

La planificación del crecimiento a medio plazo es una tarea pendiente todavía en muchas PYMES por motivos como la falta de tiempo, de conocimiento o de experiencia. Y resulta vital para no estancarse y quedarse atrás en un mercado cada vez más competitivo.

Si no proyectas dónde quieres ir, seguramente no irás a ninguna parte. Por eso se vuelve indispensable elaborar un plan estratégico en vistas al desarrollo y mejora de la organización.

Una consultoría asienta las bases de este progreso en función de métodos y estrategias probadas que dan resultados. 

Habilitar el cambio

Implementar transformaciones estructurales es un desafío para empresas ya asentadas y consolidadas. Los procesos y las dinámicas cambian y requieren un periodo de formación, aprendizaje y adaptación para todo el equipo. 

La gestión del cambio no es tarea sencilla. Contar con un profesional y apoyarse en su experiencia y conocimiento marca la diferencia entre un proceso de estrés e incertidumbre y una transición controlada y eficiente. Es el acompañamiento y el apoyo que cualquier PYME necesitaría tener en la fase de planificación, implementación y supervisión.

Estas cuatro funciones serán definidas, trabajadas y detalladas según los requerimientos y los objetivos del negocio.

5 motivos para contratar un consultor externo

Abrir las puertas de tu empresa a una persona que vaya a preguntar, indagar y decirte lo que funciona mejor resulta complicado. Pero tal y como hemos planteado, conseguir el mismo resultado sin esa figura objetiva es muy complicado. Además la inversión se recupera con los logros tras pocos meses de trabajo.

Siempre es un buen momento para contar con un apoyo externo. Pero hay situaciones concretas que se convierten en la voz de alarma para pedir ayuda:

  • Conflictos internos: independientemente de si es una empresa familiar, los conflictos laborales son más comunes de lo que nos gustaría. Un mal clima de trabajo afecta directamente en los resultados, disminuye la productividad y la calidad del trabajo.
  • Desajuste en las previsiones económicas: las cifras no terminan de encajar. Tus márgenes de beneficio son inferiores a lo que te gustaría, sientes que no tienes el control sobre los gastos y no sabes cómo solucionarlo.
  • Gestión de tus recursos humanos: tal vez percibes que hay demasiada rotación de personal o que no encuentras al profesional indicado para cubrir una vacante. Es conveniente redefinir las necesidades, los puestos y el organigrama de la empresa.
  • Poca capacidad de reacción: los errores en los procedimientos se detectan tarde y mal y sientes que no tienes suficiente capacidad para reaccionar. En el contexto en el que vivimos, la agilidad y la posibilidad de pivotar rápidamente ante los contratiempos es fundamental. 
  • Te preocupa el futuro: el panorama actual es incierto y no sabes cómo definir los objetivos y la estrategia a medio plazo. Los cambios y las nuevas tendencias te abruman, te llevas los problemas a casa y has dejado de disfrutar del trabajo.

Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones es hora de tomar cartas en el asunto. Programa tu primera sesión gratuita y empezaremos a trabajar para poner el foco y adquirir las herramientas necesarias para afrontar y gestionar mejor el negocio frente a cualquier escenario.

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